Primer material gráfico informativo de interés general
del mundo que incorpora sistema braille.
Aparece mensualmente con los diarios:
La Capital de Rosario (40000 ejemplares de ConTacto)
Diario Uno de Santa Fé (5000 ejemplares de ConTacto)
Diario Uno de Entre Ríos (7500 ejemplares de ConTacto)
Diario Uno de Mendoza (17000 ejemplares de ConTacto)
Diario El País del Uruguay (20000 ejemplares de ConTacto)
Se ha convertido en un electrodoméstico habitual en muchos hogares, así que su giro constante nos es familiar. Pero… ¿por qué gira?
El microondas tiene un magnetrón que emite radiaciones electromagnéticas de una determinada frecuencia, que excitan las moléculas de agua forzándolas a moverse.
El resto de moléculas, aunque no experimentan ninguna excitación, también se mueven junto con las moléculas de agua. Este movimiento o vibración molecular se traduce en calor.
Si la fuente de la radiación estuviera en un lateral y el alimento permaneciera inmóvil, tan solo se calentaría esa parte del alimento, quedando el resto frío. Es decir, tan solo se calentaría o cocinaría una parte del alimento.
Para que el alimento se caliente de manera homogénea es necesario que las radiaciones lo alcancen en su totalidad de manera uniforme. Y aunque su frecuencia está calibrada para que éstas penetren lo más profundamente posible, el plato giratorio es un añadido que contribuye a aumentar la posibilidad de que todas las moléculas sean irradiadas y que el alimento se caliente de una manera totalmente regular.

La retina humana (la parte del ojo que convierte la luz recibida en señales electroquímicas) tiene alrededor de 100 millones de células sensibles a la luz. Por tanto, las imágenes de la retina contienen una enorme cantidad de información.
Los científicos encontraron las huellas de un 'dinosauromorpha', el antepasado de todos los dinosauros, en un valle de Polonia. El animal que dejó los rastros andaba a cuatro patas, lo que contradice la hipótesis científica de que los dinosauros fueron bípedos. Sin embargo, sus patas delanteras eran más cortas que las traseras. Se cree que durante el proceso de evolución, las extremidades del animal se transformaron considerablemente.
No existe el año cero ni en el calendario gregoriano ni en el juliano. El año 1 a. C. inmediatamente precede al año 1 d. C. (podemos ilustrarlo así: después del 31 de diciembre del año 1 a. C. comenzó el 1 de enero del año 1 d. C.). Lo mismo acontecería con las décadas, empezando la primera de nuestra Era en el año 1 d.C. y hasta el año 10 d.C., ambos dentro, para conformar así la década (diez años).